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miércoles, 16 de septiembre de 2009

Triste Recuerdo

Triste recuerdo

Ángeles González Gamio

Justo hace 380 años, un mes de septiembre de 1629, llovió torrencialmente durante 36 horas seguidas, con el resultado de que la ciudad completa se anegó, permaneciendo así a lo largo de cinco años. Las consecuencias fueron catastróficas: 30 mil indios murieron ahogados o de hambre, de las 20 mil familias españolas que poblaban la ciudad, sólo quedaron 400, la mayoría se fue a Puebla, que en ese entonces comenzó a engrandecerse. Se clausuraron los templos, los conventos fueron abandonados, el comercio cerró, hubo hambrunas y epidemias, las misas se celebraban en balcones y azoteas. Las imágenes más milagrosas se paseaban en canoa por toda la ciudad, pidiendo alivio a tantas calamidades. Se analizó seriamente mover la ciudad de México a un lugar más alto, lejos de las aguas, pero finalmente se optó por desanegarla y reconstruírla en el mismo lugar

Esta desdicha acuática fue la más severa aunque no la única; nuestros antepasados mexicas, por razones políticas, económicas y religiosas, fundaron su capital en la parte más baja de la cuenca, en unos islotes que sobresalían de las aguas. Cinco hermosos lagos la rodeaban: Texcoco, Xochimilco, Chalco, Zumpango y Xaltocan.

En los islotes edificaron sus templos y palacios principales y en los alrededores crearon sus barrios, con el ingenioso sistema de chinampas, esas que aun podemos admirar en Xochimilco. Así surgió una urbe prodigiosa, cruzada de canales, que en la época de lluvias se enfrentaba, igual que ahora, a las inundaciones. Para evitarlas realizaron una serie de obras hidráulicas que incluían compuertas, albarrodones y dársenas y con la sabia dirección del emperador texcocano Nezahualcóyotl, construyeron un sólido dique que separaba las aguas saladas del lago de Texcoco de las dulces del de México, conocido por los españoles como el albarradón de los indios, que fue destruido para perpetrar el ataque naval a México-Tenochtitlán con los bergantines que hizo Cortés en Tlaxcala.

Ya hemos hablado del desequilibrio ecológico que esto ocasionó, junto con la desecación de acequias y canales, con objeto de que los hispanos tuvieran calles para sus caballos y carruajes. Esto, agravado por la deforestación de los bosques que rodeaban la cuenca, agudizó los problemas de invasión de las aguas. El asunto se tornó tan severo que se optó por hacer una obra magna, que sacara de la cuenca los caudales más peligrosos. Para ello se contrató a un polifacético personaje –impresor, editor, intérprete, ingeniero– de origen alemán, que castellanizó su nombre al de Enrico Martínez. Su proyecto consistía en juntar el agua de dos lagunas y del río Cuautitlán, sacarlas por una profunda zanja que pasaría por el pueblo de Huehuetoca, abrir un gran tajo en el cerro de Nochistongo y por ahí sacar el noble fluido que, al desbordarse, se torna en maligno.

Este desagüe ha padecido innumerables problemas a lo largo de los siglos, pero continúa funcionando, ayudado por otras magnas obras hidráulicas, sin embargo, no se ha logrado terminar con las inundaciones, como lo estamos viendo en estos días.

Ojalá celebráramos el cantado bicentenario con obras que separaran las aguas de lluvia de las negras y las guardáramos para las sequías. Con los caudales que caen cada año los expertos aseguran que se acabaría la escasez del fluido en la ciudad. Y ¿por qué no?, volvamos a la vida algunos de los lagos; ya en Tláhuac y en Texcoco están tratando de volver por sí solos.


Fuente: La Jornada

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martes, 15 de septiembre de 2009

Más Arena de Cozumel e Isla Mujeres para Cancún

Más arena de Cozumel e Isla Mujeres para Cancún

Iván Restrepo

Que sepamos, ha sido el único funcionario a cargo de dos secretarías de Estado a la vez. Cobraba apenas en una. Fue nombrado en la de Turismo, pero por sus conocimientos en el tema, para responder a las inquietudes de la sociedad y los medios de información resolvió hacerle también de secretario del Medio Ambiente y Recursos Naturales ante la ausencia virtual de quien por ley es titular de esa dependencia.

El súper secretario se daba tiempo para atender ambas responsabilidades. Seguramente por amor a México, para sacarlo de la crisis, que, como asegura el licenciado Calderón, viene de fuera y no se debe a causas internas, a la incompetencia e irresponsabilidad del anterior y del actual gobierno.

Mas de pronto, quien lo designó en Turismo lo borró de la nómina para ahorrar dinero al desaparecer esa dependencia, encargada de promover las actividades que son la tercera fuente de divisas del país.

Inexplicablemente, sólo lamentan su ausencia los tiburones que cada día más se apoderan de la franja costera nacional para edificar sus negocios turísticos, sin tener el mínimo cuidado con los recursos naturales. En el ex súper secretario tenían a su mejor aliado, además de contar también con gobernadores y alcaldes de estados y ciudades costeras, buen número de diputados y funcionarios en general. Al ex súper se le atribuye haber sacado adelante la nueva Ley de Turismo, aprobada en la anterior legislatura, y que permite ocupar virtualmente, sin ninguna restricción ecológica, las áreas costeras más frágiles de la nación.

La última actuación ambiental del súper secretario fue en el proyecto para recuperar las playas de Cancún y Playa del Carmen. El área costera de esos polos turísticos se quedó virtualmente sin arena debido a la destrucción de los ecosistemas que la protegían, a los huracanes y a la erosión marina.

Durante el gobierno de la señora Marta y el señor Vicente se tiraron al mar y al bolsillo de funcionarios y contratistas, 200 millones de pesos en un intento por recuperar esas playas. Ante el fracaso, nuevo proyecto: costará cerca de mil millones de pesos y consiste en extraer 6 millones de metros cúbicos de bancos de arena ubicados en Cozumel e Isla Mujeres para "rellenar" 11 kilómetros de playa en Cancún y 4.5 en Playa del Carmen. Los responsables de la obra garantizan la permanencia de la arena durante 10 años.

Pero los habitantes de ambas islas, los grupos ecologistas y destacados científicos, como el doctor José Sarukhán, señalan que esa extracción afectará los sistemas lagunares, así como fauna y flora marina de la zona, y que los bancos de arena sirven de barrera contra los huracanes que periódicamente azotan Cozumel e Isla Mujeres. En defensa del proyecto salió el súper secretario, asegurando que se haría pese a las críticas, pues para él eran suficientes los estudios que avalan la calidad de la recuperación de las playas.

Ahora que ya no está en el gabinete, brilla por su ausencia la dependencia que legalmente debe responder por los asuntos ambientales de la nación. Por un lado, hace caso omiso a los serios cuestionamientos de la ciudadanía, los especialistas y los grupos ecologistas que se oponen a la extracción de arena de esas islas y exigen mayor claridad en el proyecto citado; además, se acusa a la secretaría, que oficialmente preside el ingeniero Rafael Elvira Quezada, de actuar en favor de quienes patrocinan el proyecto de extracción de arena, de violar la ley vigente en materia de protección de ciertas especies marinas y de no evitar que siga la ocupación de la franja litoral con hoteles y otros negocios que destruyen ecosistemas que sirven contra la erosión del litoral y los huracanes.

En el fondo está el hecho de que al gobierno y a los empresarios turísticos les importa menos lo que le pase a Cozumel e Isla Mujeres por los huracanes y el calentamiento global, ya que viven del arribo de cruceros, cuyos pasajeros visitan las islas unas cuantas horas. En cambio, sí les interesa, y muchísimo, Cancún y la Riviera Maya, con más de 60 mil cuartos de hotel pertenecientes en muy buena parte a grandes consorcios internacionales. Primero aseguremos el éxito de los dueños del capital, después a la gente y a la naturaleza.


Fuente: La Jornada